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Cold Cream: ¿qué es?, ¿cuáles son sus beneficios?, ¿por qué está tan de moda?

Cold Cream

En el mundo de la cosmética la reinvención es constante en busca de nuevos productos con propiedades y beneficios inigualables. Pero, ¿cómo te quedarías si te dijéramos que uno de los cosméticos con mayor fama actualmente lleva utilizándose siglos? Si quieres conocer cuál es y por qué generación tras generación no lo han abandonado, acompáñanos en el siguiente post.

El término Cold Cream continúa acumulando artículos, revistas y conversaciones. Las estanterías de muchas tiendas especializadas en el mundo de la cosmética ya cuentan con productos de este tipo, pero…

¿Qué es realmente el Cold Cream?

Su nombre proviene del inglés, con una traducción literal por “crema fría”, y hace alusión a la sensación que este producto deja en la piel al aplicarla ya desde sus inicios. Se trata de una crema con capacidad para mantener la barrera lipídica de la piel, protegiéndola así de todo tipo de agresiones externas, y en particular del frío. Gracias a esto, su uso es muy recomendable durante el invierno, cuando nuestra piel se puede ver afectada por las bajas temperaturas y la humedad. Expertos en cosmética y el cuidado de la piel recomiendan su uso en bebés o niños ya que, al contar con una piel extremadamente frágil, una Cold Cream podría protegerlos y  conseguir resultados notables. A pesar de no ser un término reconocido y definido por la Real Academia de la Lengua Española, sí encontró un lugar gracias a María Moliner, quien la incluye en su diccionario como “crema de tocador hecha con grasa de cetáceo, almendras dulces y alguna sustancia aromática. Cosmético.”

Un poco de historia sobre las Cold Cream…

La composición de esta crema se fundamenta en una base de agua de rosas, aceite de almendra y cera de abeja. Composición ideal si buscas hidratar en profundidad la piel, sobre todo si tienes tendencia a piel seca o una dermis sensible. Esta emulsión de agua en aceite se asegura que se la debemos a Galeno, médico griego que la inventó en el siglo II d. C., de hecho, en Francia se sigue denominando “cerat de Galien” en su honor. Él mismo lo ideó como un ungüento curativo con propiedades reparativas y protectoras que se continuó elaborando en farmacias o de forma casera. Su fórmula y beneficios la hicieron perpetuar en el tiempo, contando con referencias a este producto en escritos de los siglos XVII, XVIII y XIX, siglo en el que, gracias a su gran notoriedad, se convirtió en un cosmético fabricado de manera industrial. 

Es a partir de este momento, cuando las Cold Cream comienzan a sufrir transformaciones en busca de un resultado más suave, menos espeso y de absorción más rápida. Cambios enfocados a conseguir una mejor aceptación del público femenino para un uso generalizado. Los aceites vegetales como el de almendras o el de oliva, utilizados pero en menor medida, fueron sustituidos por otros con un precio menor como los aceites minerales, la vaselina o incluso otros actualmente prohibidos como el aceite de ballena. 

A lo largo de los años, numerosos referentes en el mundo de la cosmética tomaron mano de esta fórmula en la elaboración de sus productos. Nombres como los de Elizabeth Arden o Helena Rubinstein marcaron la evolución de la Cold Cream, pero no solo los cosmetólogos se rendían a los pies de esta crema. En el siglo XX llegaron los primeros anuncios de Cold Cream y en ellos se enfatizaba la necesidad de realizar una buena limpieza facial con el fin de eliminar cualquier tipo de suciedad acumulada como el polvo o el hollín de la mayoría de las grandes ciudades. “La Crema Fría, aplicada siempre que sea conveniente durante el día, siempre después de la exposición al aire libre y antes de retirarse por la noche, trae a la superficie partículas de polvo y suciedad que se pueden eliminar fácilmente con una toalla suave. Sus aceites suaves se hundirán profundamente en los poros, especialmente durante el sueño y limpiarán la piel a fondo”, sentenciaba el anuncio de los productos Pond en 1927. Con esta afirmación podemos destacar otro de sus poderes, ya hemos hecho referencia a su poder hidratante, y ahora se evidencia su gran poder como tratamiento limpiador. 

Una tendencia extendida era la de utilizar jabón para limpiar el rostro pero, con el auge de las Cold Cream, muchas marcas aprovecharon los espacios publicitarios para emitir recomendaciones sobre cómo cuidar la piel. “No te laves la cara imprudentemente con agua y jabón, ya que puede secar y arrugar tu piel”, enunciaba el Marie Earle Institut Anglais de Beauté. Otras entidades se hicieron eco de las propiedades de las Cold Cream y se instauró como un elemento de limpieza e hidratación fundamental. 

Aunque el uso de cremas frías ha disminuido, todavía llenan neceseres con sus fórmulas mejoradas y adaptadas al siglo XXI. El agua inicial se ha transformado en el agua de rosas que comentábamos al inicio del post, y el aceite más usado en la actualidad es el de almendras dulces. Además, algunas incorporan vaselina, parafina u otros aceites vegetales. Gracias a los avances, se han instaurado como un producto altamente hidratante especialmente indicado para pieles secas, deshidratadas, sensibles o incluso pieles atópicas y reactivas. Así mismo, son utilizadas también en tratamientos para pieles con psoriasis o dermatitis. 

¿Cuáles son los beneficios de utilizar una Cold Cream?

  • Hidrata la piel en profundidad: añadir este tipo de cremas a tu rutina de cuidados te ayudará a potenciar la hidratación de la piel, especialmente si tienes una piel con tendencia seca. Para conseguir los mejores resultados puedes aplicar una capa de Cold Cream a diario con un suave masaje sobre el rostro y dejar actuar. Si realizas esta práctica con constancia notarás la diferencia ya que ayuda a minimizar las arrugas, marcas de expresión y ojeras. Conseguirás una piel de apariencia tersa y con un tono unificado. 
  • Calma y refresca la piel: para aprovechar y sacar el máximo partido a este producto rico en propiedades, podemos mezclarlo con otro ingredientes. Un ejemplo bastante común es juntarla con pepino triturado y utilizarla como mascarilla calmante. Aplica primero la crema en el rostro y cuello, y luego añade el otro ingrediente. Deja reposar unos 10 minutos y retira con un pañuelo de papel y un poco de agua tibia.
  • Desmaquilla con suavidad: hace décadas era uno de los usos más comunes y conocidos de la Cold Cream, tal y como narramos en párrafos anteriores. Se aplicaban la crema fría en el rostro, la dejaban actuar unos segundos y luego la retiraban como si de una  leche limpiadora se tratara. Su textura te ayudará en este propósito sin dañar ni irritar tu rostro. 

Hidratan, reparan, desmaquillan, calman…, las Cold Cream son un cóctel de beneficios. Con una historia de casi dos milenios, han sido y son fundamentales para muchas mujeres, y es que aportan diversos beneficios sin suponer un esfuerzo dentro de tu rutina de cuidados. ¿Todavía no te has decidido a probarla? Ahora que ya las conoces más exhaustivamente anímate con este básico de tocador y descubre la cosmética de siempre modernizada. 

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